miércoles, febrero 27, 2013

La Niña y el Papá


Cuando eres madre y sabes que vas a tener una niña imaginas que serán compañeras de juegos, de secretos y compartirán cada momento como amigas inseparables.

Cuando la niña llega a tu vida la llenas de cariño, le prometes que nunca vas a separarte de ella, le cuentas historias que aun no puede entender, imaginas para ella un mundo ideal como si fueras dios, pones y sacas piezas a tu antojo en ese mundo imaginario, solo para que ella sea feliz.




Cuando la niña crece y descubre que existe Papá en su vida todo cambia, se emociona al verlo llegar, cambia todo lo que hace en ese momento solo por tener el placer que papi la cargue en sus brazos, le regala besos y abrazos, lo llena de risas, lo premia con su atención mientras que tú, madre ilusionada pasas a segundo plano en la distribución de atenciones.

Cuando intentas acercarte a ese par que tiene una complicidad única y tratas de incluirte en el juego, esa niña que amaste desde que estaba en tu panza, a la que le diseñaste un mundo feliz, esa niña te aparta con una mano y te dice Chau!

Tú, madre insistente, buscas otros caminos para entrar al juego mientras que el padre intenta ayudarte en el ingreso, la niña no da el brazo a torcer, abraza a Papá y te dice Mio!

No puedes competir con eso, no debes competir. Tienes que observar y reconocer que hay un buen papá, que hay una niña feliz, que ese egoísmo de siempre desear que te quieran más que a nadie no puede ganarle a la dicha de ver a tu hija feliz. 

Le canta, le sopla la barriga, se acurruca con él, le cuenta cosas que nadie entiende, lo toma de la mano, lo busca, le baila, lo celebra, lo ama.  

Te llenas de paciencia y esperas que Papá se vaya a trabajar o regrese el momento de estar ella y tú a solas, cuando vuelven a ser amigas, cómplices, regresan los juegos y regresan a ser solo las dos, la niña y la mamá.